En mi tierra hay ciertos animales que son considerados sagrados. Como es el caso de la vaca. Nosotros veneramos a las vacas porque son el símbolo de todo lo que está vivo. Lo mismo que la Virgen es la Madre de Dios, la vaca es la madre de la vida. No hay mayor sacrificio para nosotros, los hindues, que quemar a una vaca. Incluso si uno de nosotros lo intentara correría el riesgo de verse en la cárcel o de pagar una suma de dinero ilimitada.
Aquí en la India las vacas y otros animales deambulan por las calles, comen fuera de los establos, en medio de los mercados y casi siempre provocan atascos de tráfico al detenerse a rumiar o defecar en medio de cruces concurridos. Claro que la vaca, nos deposita algo muy valioso para las amas de casa: La boñiga.
Si, la boñiga de vaca, es muy importante, con ella y mezclada en agua, se convierte en un material utilizado para quitar el polvo del suelo, también echándola a la estufa de madera nos quita el frío, se puede decir que actúa igual que el carbón en una barbacoa.
Pero, aún así, aunque tenemos bueno y malo a nuestro alrededor intentamos ser felices.
Soy hindú, pertenezco a una tribu que vive organizada en bandas y que se comunican con las aldeas más cercanas. Mi nombre es Sascha, tengo 27 años y vivo con mi padre y sus 30 mujeres. Tengo cinco hermanos y 15 hermanastros. Aquí la poliginia es normal, natural y aceptada. Como también es normal la poligamia o la poliandría. Aunque sé que en otros países ésto está penado. Aquí el matrimonio es diferente nos guiamos por una ceremonia ritual o por intereses.
Tanto mi padre como mis treinta madres trabajan en el campo. Usamos un mecanismo interesante para facilitar el comercio y así hacer la vida más asequible. Lo denominamos "Comercio Silencioso", y con ésto nos intercambiamos cosas o mercancias. Está muy bien porque mi tribu está muy distanciada de la civilización y las aldeas más cercanas están a unos 30 acres. Con ésta forma de comercio, nos da la oportunidad de que nos lleguen materiales de la capital, sin tener que desplazarnos durante meses.
Mis hermanos, hermanastros y yo no estudiamos, aquí todo lo que tenemos que saber, es lo que vemos con el día a día, y con la experiencia de los años. No hay mejor educación que ésta. A parte la educación recibida de los libros no nos llegan, porque como he dicho mi tierra es muy pobre. Por lo tanto, también trabajamos, pero trabajamos en cadenas haciéndo collares, pulseras etc...
Para la edad que tengo debería estar casada y con hijos, pero no lo estoy ni lo estaré. Seguramente en otros países las chicas se casan cuando quieren y con quienes quieren, pero aquí el marido o maridos es elegido por el patriarca de la familia. Las chicas se inician en el matrimonio o en la vida sexual cuando termina una ceremonia que dura cuatro días. Esta ceremonia es utilizada como requisito para que esté bien visto por los demás, el traer hijos al mundo o vivir con alguien.
Pero a mi no me interesa ser la sierva y exclava sexual de un hombre, ya que me gustan las mujeres. En mi tribu no está mal visto la homosexualidad, de echo muchos chicos y chicas antes de casarse se inician sexualmente primero con personas de su mismo sexo para ser más fértiles en el matrimonio después.
Nunca me he enamorado, y tengo mucha curiosidad de lo que es amar haciendo el amor, y estar con alguien que cuando te mire me sienta arder.
Os contaré una historia que les pasó a dos mujeres hindues hace unos 50 años, y ahora me entenderéis si os digo que me gustaría sentir mi corazón como los caballos cuando cabalgan por la orilla de la mar.
Amar... AmándoteDesde ahora a hace cincuenta años no había mucha diferencia a lo que hay ahora. Todo estaba igual. En la tribu ojamaya vivía una mujer que se llamaba Ttaxala, era misteriosa y con un acento distinto al nuestro. Vivía con su abuelo, que era el patriarca de la tribu. Un hombre que aunque ya era mayor, todavía trabajaba en el campo. Llevaba la señal del trabajo en sus manos y las arrugas de su edad en la piel. Llevaba a su casa todos los días el alimento para que su nieta no le faltara de nada.
Ttaxala no trabajaba en el campo, porque los descendientes del patriarca tenía derecho a no hacerlo. Ella se quedaba al cuidado de su casa, la limpiaba y despellegaba los conejos para cocinarlos. Era a lo único que se dedicaba Ttaxala.
Los padres de la joven, habían muerto en el invierno pasado de neumonía. Sus padres eran de los pocos matrimonios que estaban compuestos de un sólo hombre y una sola mujer.
Cierto día el patriarca se fue a un calvero para intercambiar unos objetos por otros. Puso los objetos en el claro del bosque y se escondió entre los árboles. Pasados unos segundos apareció un hombre corpulento, manos grandes y piel muy oscura, inspeccionó los objetos y los cogió y a cambio dejó unas cuantas gallinas metidas en una gran jaula.
Por el camino de vuelta el patriarca de la tribu, se encontró trozos de ropa rotos y con sangre. Miró a todos lados, hasta que vió detras de un tronco de un pino una pierna. Se acercó empuñando una rama que había cogido del suelo, y a medida que se fue acercando notó gimoteos de una joven. El patriarca soltó la rama y contemplo extrañado a la joven durante unos segundos. Pensó en como cogerla para no lastimarla más, finalmente se la cargó a hombros y se la llevó a su casa.
Al llegar Ttaxala abrió la puerta rápidamente pues vió de lejos que su abuelo traía a una mujer a hombros. La cogieron entre los dos y la tumbaron a la joven en una cama de paja. Ttaxala pidió a su abuelo que saliera de la habitación que iba a curarla y a despojarle de sus prendas.
Interminables horas estuvo Ttaxala curando a la joven, finalmente la dejó en vuelta en pieles de oso, le puso vendajes limpios y salió de la habitación.
Pasaron días y la joven encontrada seguía dormida en la habitación, hasta que por fin despertó a los 3 días. Ttaxala estaba curandole las heridas cuando la joven abrió los ojos lentamente y miró a su alrdedor. Ttaxala la tranquilizó explicandole donde se encontraba y que estaba a buen recaudo. Salió de la habitación y echó en un cuenco un poco de sopa caliente para la joven.
Se acercó a la joven, la ayudo a incorporarse y le fue dando sopa. Una vez se la hubo tomado, la joven miró fijamente a Ttaxala y le besó en las manos. Ttaxala le sonrió y le preguntó su nombre. La joven le dijo:
- Me llamo Kapauma
Ttaxala hizo una leve reverencia con la cabeza y la dejó descansar a Kapauma.
Pasaron meses y las dos se hicieron buenas amigas, inseparables y fue florenciendo entre las dos el amor. Un amor que les hizo comprender todo el bien, todo el mal, que les dió luz a sus vidas.
Ése amor que sentían entre las dos se fue haciendo cada vez más grande...
Kapauma y Ttaxala hablaron con el patriarca sobre el amor que sentían, Y éste les dijo que si querían llevar a cabo su amor, que si querían tener ceremonia, tenían que iniciarse en un rito de amor, bien conocido en la aldea como: " En lo profundo del mar".
Ninguna de las dos sabía exactamente en que consitía el rito, pues Ttaxala sabía perfectamente que en ésa ceremonia sólo eran testigos los más viejos de la tribu. Asi que las dos dieron el si quiero y a la mañana siguiente comenzó el ritual.
Se preparó todo el ritual por la mañana, separaron a las chicas para que no pudieran verse. A una la llevaron al acantilado, en la cima de la montaña gris, y a la otra la dejaron atada en la orilla. Las dos desnudas, pues la denudez la consideraban como estado puro e inocente, y ese ritual era puro y no podía ser manchado con ropas.
Les explicaron lo que debían hacer cada una, Ttaxala que le tocó en la cima de la montaña, debería ser atada y lanzada al mar, sabiéndo que con la fuerza que caería y el peso se hundiría rápidamente. Kapauma debía estar en la orilla del mar, se tendría que desatar de la cuerda ella sola, y tirarse al mar a por su amada, para sacarla de rodillas y en brazos.
Ésa mañana había un gran oleaje y las dos aceptaron el ritual desde donde estaban situadas.
Comenzó el ritual, Ttaxala cayó al mar y una vez dentro, Kapuma intentó desatarse lo más rapido que pudo, y una vez conseguido se lanzó a la mar, estuvo nadando contra corriente, cuanto más intentaba llegar, más lejos estaba de conseguirlo, había un gran oleaje y era muy dificil llegar a Ttaxala. Aún así Kapauma tomó aire y se adentró en las profundidades del mar.
Por unos minutos nadie veía rastro de ninguna de las dos, los más viejos de la tribu empezaban a preocuparse y a estar ansiosos de saber que había pasado.
Pasaron unos momentos de mucha angustia, cuando por fin los que estaban en la cima gris, se dieron cuenta de que había dos siluetas bajo el agua, abrazadas, moviéndose al ritmo del vaivén de las olas y salieron triunfantes las dos enamoradas, a las cuales casi les costaba su vida.
Kapauma la sacó como la tribu habia exijido del mar y el ritual finzalizó...
Las dos enamoradas, se miraron a los ojos. La luna estaba llena de miel y un cántico de sirenas se escucho cuando bajaba el atardecer, decir:
Amar... Amándote
quiero amarte.
Amar... Amándote
quiero sentirte.
Amar... Amándote
lo eres todo mi
vida.
Amar... Amándote
hasta más allá de
la lejanía.
Así es como acabó una historia, y como comenzó una sola vida.
Por eso, ya que conocéis la historia seguramente comprenderéis porque espero todavía...
Mientras tanto fabricaré mi vida, llenándola de esperanza y haciendo un refugio de fuego para un sólo latido en el corazón.
Fin.
Escrita en el año 2001.